Resultados electorales y preocupación presidencial

La encuesta más fiel, la que mejor refleja el ánimo de la población, es la
urna. Cuando comienza el conteo de los votos y se arriba a un resultado
final se acaban todas las especulaciones. Los números son fríos, no admitan
discusiones, son inapelables. Desde hace unos meses los más importantes
diarios vienen publicando encuestas y más encuestas, algunas elaboradas
por conocidos especialistas y otras por primerizos. Sus resultados son
inmediatamente manipulados por los medios de comunicación en función
de sus intereses, hoy íntimamente ligados al macrismo. La conclusión que
extraen de esos resultados es que Macri sigue siendo muy competitivo y
que el odio a CFK es superior a la bronca que provoca en amplios sectores
sociales el plan de ajuste del FMI.
Pero la realidad señala otra cosa. Hasta hoy se han celebrado en el país
doce actos eleccionarios y sólo en uno (el celebrado este domingo en
Corrientes) el macrismo logró triunfar. En los once restantes sufrió derrotas
apabullantes. Las urnas dejaron un mensaje muy claro: al menos en las
provincias donde tuvieron lugar tales comicios la población envió un fuerte
mensaje al Gobierno nacional, un mensaje de enojo, bronca e impotencia.
Ese mensaje, claro y contundente, no ha sido tenido en consideración por el
Gobierno. Su reacción ante los resultados adversos ha sido la de ningunear
el veredicto de la voluntad popular, la de enfatizar que una cosa es el
comicio local y otra el comicio nacional. Como si quienes votaron en los
comicios locales fueran diferentes de quienes votarán en los comicios
nacionales.
Esa reacción no hace más que poner en evidencia la honda preocupación
que hoy está presente en la Casa Rosada. Sino, no se explican dos hechos
que tuvieron lugar en las últimas horas, relacionados con el proceso
electoral. El domingo Jorge Fontevecchia publicó en Perfil un artículo en el
que efectúa una gravísima denuncia. Dijo que el Gobierno nacional le
habría ofrecido a Roberto Lavagna nada más y nada menos que 8 millones
de dólares para que retire su candidatura. ¿A qué se debe tamaña
preocupación? A un hecho muy simple: Lavagna no tiene una alta
intención de voto pero sus votantes son en su mayoría ciudadanos que
votaron a Macri y hoy están desencantados, y que estarían dispuestos, en
virtud de ello, a votar a Lavagna. En un marco electoral de gran paridad
como el que existe hoy en día, ese 8% de intención de voto podría llegar a
darle a Alberto Fernández el empujón que necesita para ganar en primera

vuelta. Si Massa finalmente decide jugar en el terreno de UC-PJ, los votos
de Lavagna pasarían a ser un factor fundamental.
En las últimas horas se conoció la aparente decisión de Macri de permitir a
Vidal que encabece en provincia de Buenos Aires la lista de Cambiemos
con Macri como candidato a presidente y la lista de Alternativa Federal con
Massa a la cabeza. Lo notable es que hace muy poco el propio Macri, a
través de un decreto, prohibió el uso de las listas colectoras. Ahora,
apremiado por los resultados electorales adversos, está dispuesto a borrar
con el codo lo que escribió con la mano. De golpe el Presidente descubrió
las bondades de las listas colectoras. De esa forma no hace más que
reconocer lo difícil que le resultará a Vidal derrotar a Kicillof, candidato
por UC.PJ.
Ahora bien, suponer que Macri está derrotado es pecar de un optimismo
ingenuo. Si bien viene recibiendo duros golpes en las urnas aún conserva el
apoyo del 30% de la población, del establishment y, fundamentalmente, del
FMI y del presidente de EEUU. El Presidente dará pelea y ha decidido a
apostar toda su suerte política al ballotage, tal como lo hizo hace cuatro
años.

Por El Pingüino

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *