AUTORIDAD DEBILITADA (Por el Pingüino)

En la última semana el presidente de la nación sufrió lo peor que le puede pasar a un dirigente que detenta poder: vio disminuir dramáticamente su autoridad. Repasemos.

El miércoles de la semana pasada salió en televisión por espacio de un minuto y medio para anunciar un acuerdo con el FMI que todavía no está sellado. Fue un papelón. Pero lo peor vino inmediatamente después luego de la apertura de la actividad cambiaria. Ese día el dólar trepó alocadamente más de dos pesos hasta situarse en los 34,50$. El mensaje fue cristalino y tremendo: los “mercados” no le creyeron al presidente, desconfiaron de su mensaje. Seguramente las horas posteriores al cierre de la cotización del dólar deben haber sido un calvario para el presidente. En efecto, Macri ha hecho una sola cosa en su vida: mandar. No sabe lo que es el diálogo ni los problemas. Jamás su autoridad había sido cuestionada hasta ese fatídico día en que los “mercados” dudaron de su mensaje.

Pero lo peor sucedió el siguiente fin de semana. La Quinta de Olivos fue un pandemónium. Durante dos días se sucedieron sin solución de continuidad reuniones entre los dirigentes más importantes de Cambiemos para ayudar al presidente a conformar el nuevo gabinete. El nuevo gobierno, en realidad. Fue entonces cuando su gigantesco ego sufrió como nunca. Sucesivamente le ofreció a Carlos Melconian, Alfonso Prat-Gay y Ernesto Sanz las carteras respectivas de Economía, Cancillería y Defensa. Los tres se negaron. Para Macri eso fue lisa y llanamente una afrenta. Pero algo peor sucedió: Melconian dijo que sólo aceptaría ser ministro de Economía si se quedaba también con el control del Banco Central, lo que significaba la eyección de Luis Caputo. Por su parte, Prat Gay dijo que antes de dar una respuesta definitiva efectuaría las consultas correspondientes con los popes de la UCR. Por último, Ernesto Sanz dijo que prefería ser ministro del Interior, lo que hubiera significado, de haber Macri aceptado, la eyección de Rogelio Frigerio. Vale decir que los tres dirigentes pretendieron imponerle a Macri condiciones para dar el sí a su pedido. Justo a Macri y justo en un país donde rige el más crudo presidencialismo.

La pregunta que cabe formular es la siguiente: ¿cómo fue posible que se hubieran atrevido a tanto? Creo que la respuesta se cae de madura: porque vieron débil al presidente. Seguramente jamás lo hubieran desafiado de esa manera inmediatamente después del triunfo de octubre pasado. Lo que sucedió este fin de semana fue, pues, sumamente grave desde el punto de vista de la legitimidad política del presidente. Luis Majul fue incluso más allá. En su programa que se emite de lunes a jueves por América, aseguró que lo que la cúpula radical intentó fue copar el gobierno de Macri. Es decir, hacer un golpe palaciego.

El lunes 3 el presidente volvió a hablar por televisión. Esta vez habló cerca de media hora y tuvo como objetivo hacer pública su decisión de achicar el gabinete, aludir al acuerdo con el FMI y, fundamentalmente, a brindar una imagen de fortaleza política, de un presidente que sigue en el centro del ring, que tiene la iniciativa política. Macri trató de convencer a la sociedad, a los mercados y a Estados Unidos que sigue siendo confiable, que sigue firme en su decisión de cambiar al país. Ese mismo día el dólar siguió subiendo lo que obligó a Luis Caputo a vender unos 100 millones de dólares para calmarlo. La autoridad presidencial fue nuevamente jaqueada.

Macri no es el mismo que asumió el 10 de diciembre de 2015. Hoy se lo ve bastante avejentado, desorientado, enojado, contrariado. No es para menos. La situación es sumamente compleja y el presidente no parece estar en condiciones de seguir convenciendo a los argentinos y a los mercados de que tiene todo bajo control, que sigue manejando con firmeza  el timón del barco.

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