CRISTINA ¿CANDIDATA EN 2019? (Por El Pingüino)

Hugo Moyano blanqueó lo que todo el mundo supone: Cristina será candidata presidencial en 2019. En las últimas horas manifestó que de no encontrar el peronismo un candidato por consenso, lo lógico sería que CFK fuera la candidata de la oposición. El vínculo entre estos dos pesos pesados nunca fue fácil. De fluido contacto con Néstor Kirchner, el camionero nunca congenió con Cristina. Es probable que la cuestión de género haya tenido bastante que ver. El quiebre definitivo se produjo el 27 de octubre de 2010, día en que falleció el ex presidente. A partir de entonces los dos enemigos íntimos se distanciaron y finalmente se declararon la guerra. Durante la segunda presidencia cristinista, Moyano se transformó en uno de sus críticos más duros, lo que fue bendecido por el grupo Clarín. Hoy, la situación es harto diferente. En la Rosada está Mauricio Macri, un acérrimo enemigo de CFK pero no tanto de Moyano, a quien le brindó un trato afectuoso durante gran parte de sus dos primeros años en el poder. Pero en un momento dado la relación se quebró, lo que se tradujo en una embestida judicial no solo contra el camionero sino también contra su hijo Pablo. A partir de entonces don Hugo pasó a ser una de las “bestias negras” del oficialismo, un emblema del sindicalismo corrupto y mafioso.

 

Como se dijo alguna vez “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Tanto Moyano como Cristina se valieron de esta sentencia para acercar posiciones. Si bien están lejos de “quererse”, el tener enfrente a Mauricio Macri los hizo ser nuevamente aliados políticos, como en los buenos tiempos de Néstor Kirchner. Hace poco se fotografiaron juntos y, como expresé más arriba, Moyano reconoció que hoy por hoy CFK es la mejor candidata a presidente que puede presentar la oposición. Razones no le faltan para afirmar lo que jamás se hubiera atrevido a hacer en 2016 y parte de 2017.

 

Cristina es, numéricamente hablando, la única dirigente dentro del arco opositor, fundamentalmente el peronista, capaz de hacerle frente a Cambiemos. En octubre pasado fue votada por tres millones y medio de bonaerenses, lo que significa un piso electoral por demás interesante. Según lo señalan las encuestas la ex presidente tendría hoy una intención de voto del 35%, aproximadamente, lo que indica un notable incremento respecto a marzo de este año. La corrida cambiaria que comenzó en abril y que todavía no terminó le está jugando, electoralmente hablando, a favor. A CFK le cabe perfectamente aquello de Mao “cuanto peor, mejor”. Cuanto peor le vaya al gobierno de Macri, más chances tendrá CFK de hacer una buena elección en octubre de 2019. Consciente de ello, el gobierno armó, con el auxilio de los servicios de inteligencia, la “Justicia” y los medios monopólicos, la causa de los “Cuadernos Gloria”, una torpe operación política tendiente a esmerilar su figura. Seguramente el gobierno creyó que con semejante “escándalo” la “gente” se olvidaría de la malaria económica. Ante su estupor, ello lejos está de haber ocurrido. Para colmo, en los últimos días la escalada del dólar fue de tal magnitud que los medios monopólicos se vieron obligados a dedicar toda su programación a su majestad el dólar, relegando a un lejanísimo segundo lugar las fotocopias.

 

Mucho se ha especulado-y se seguirá haciendo-acerca de la conveniencia para Macri de tenerla enfrente a CFK. Puede ser. No hay que ser un experto en análisis político para darse cuenta de que lo que pretende el presidente es recrear el escenario previo al ballottage de 2015. Es algo lógico y hasta natural. Cualquier otro dirigente, puesto en el lugar de Macri (incluso la propia CFK), estaría haciendo exactamente lo mismo. Además, con CFK como única contendiente de peso, el oficialismo obligaría al peronismo “racional” a definirse: o se encolumna detrás de  CFK o presenta un candidato propio que compita en 2019. Eso es precisamente lo que espera con gran ansiedad Cambiemos. Nada mejor para sus intereses electorales que enfrente suyo estén CFK y, por ejemplo, Sergio Massa (o Pichetto, o Felipe Solá, o Urtubey, o quien fuere). Cuanto más se fragmente el peronismo, tanto mejor.

 

Tal como está hoy la oposición, Mauricio Macri sigue contando con grandes posibilidades de victoria el año próximo. Alguien podrá exclamar: “¡pero cómo puede seguir teniendo chances de ser reelecto si la economía es un desastre!” Sí, la economía es un mamarracho pero hay que tener en cuenta que el presidente sigue contando con un apoyo férreo del orden del 32/33%, que es el porcentaje que obtuvo en las PASO de 2015. Ese porcentaje le permitiría acceder al ballottage si en la vereda de enfrente compiten Cristina y el “referente” del peronismo “racional”. En efecto, si CFK y, supongamos, Massa, se presentaran, ambos se anularían lo que no harían más que favorecer a Macri ya que ninguno, me parece, lograría superar a Macri en esas hipotéticas PASO. Si finalmente CFK saliera segunda, en la segunda vuelta lo más probable será que el grueso de los votantes massistas se vuelquen hacia la candidatura de Macri, tal como sucedió en el ballottage de 2015.

 

He aquí el escenario soñado por el presidente: la presencia sí o sí de CFK y de algún candidato que represente al peronismo “dialoguista”. Ello significa que la única chance que le queda a la oposición, si de verdad quiere ser gobierno en 2019, es presentarse unida, cohesionada, homogénea, en torno a un programa de gobierno mejor que el de Macri y un/una candidato/ta que cuente con un amplio consenso dentro de sus filas. Hoy esa unión es casi imposible. Por eso Macri respira con cierta tranquilidad, pese al descalabro de la economía. Mientras conserve ese 32/33% de adhesión propia y la oposición continúe siendo el esperpento que hoy es, su continuidad en el poder casi no estará puesta en duda.

 

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