Un panorama cada vez más desolador

Los días pasan y el panorama es cada vez más desolador. Siempre pasa lo mismo y el gobierno es incapaz de torcer el curso de los acontecimientos. Todos vivimos pendientes del dólar y su cotización diaria. Desde que se produjo la hecatombe de las PASO la divisa norteamericana comienza cada mañana a la suba obligando al atribulado presidente del Banco Central a inyectar en el mercado millones de dólares provenientes de las reservas del Banco Central. El dólar sube, por ejemplo, un peso y medio, el Central vende 250 millones de dólares y el dólar recula un poco y se instala, digamos, en los 60$. Todo es tan endeble e inestable que nunca sabemos cada mañana que nos deparará el destino.

De lo único que tenemos plena certeza es de la gravedad de la crisis que nos viene agobiando desde abril del año pasado y que ahora, en las postrimerías del gobierno de Macri, ha puesto en evidencia toda su virulencia. El ciudadano común que tiene la dicha de tener unos dólares en el banco tiene miedo de que vuelva el corralito. Pero el grueso de la población que vive de los pocos pesos que gana por mes está sumida en la más absoluta desolación. Siente con toda la razón del mundo que el gobierno la ha abandonado. Es la lógica reacción ante la frialdad con la que el gobierno se comunica públicamente. Para no remontarnos tan atrás, centremos nuestra atención en el flamante ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, cuando anunció el default virtual, al decir de Alberto Fernández. Durante su alocución y luego en el diálogo con los periodistas acreditados en el Ministerio de Economía, en ningún momento hizo alusión a los millones de argentinos y argentinas que están padeciendo las inclemencias de la crisis. Lacunza reduce todo el problema a la cotización del dólar y, fundamentalmente, al nivel de reservas del Central. Nadie pone en duda la relevancia de estas cuestiones pero un funcionario que tiene a su cargo el manejo de la economía debería tener presente que las decisiones que toma afectan a muchas personas de carne y hueso. Pero pedirle humanismo no sólo a Lacunza sino a todos los miembros de este gobierno es una misión imposible.

Pero el problema no son los CEOs que hoy tienen a su cargo el manejo del gobierno. El problema son los argentinos que los votaron. Pese a sufrir una dura derrota en las PASO, Macri recibió el apoyo de un poco más de 8 millones de compatriotas. Vale decir que hay un 32% del electorado que está de acuerdo con Macri, valora positivamente su manera de ejercer el

poder, su política económica, su pensamiento, su conducta. Está de acuerdo con su falta de sensibilidad social. Está de acuerdo con el presidente cuando afirma que la culpa de esta crisis es del 47% que votó a Alberto Fernández. ¿Se trata, en última instancia, de un problema de educación? Por supuesto que sí pero cabe reconocer que un buen porcentaje de los votantes de Macri goza de altos niveles de educación y de nivel de vida. La manifestación del pasado sábado en Plaza de Mayo lo puso en evidencia. Pero también es proclive a la xenofobia y el racismo más extremos. Para este sector de la sociedad el otro sector, mayoritario por cierto, es irrecuperable. No soporta que su voto valga lo mismo que el del aluvión zoológico. Es un sector profundamente antidemocrático. Cuando gana el candidato de su preferencia todo es alegría y jolgorio pero cuando ello no sucede deja al descubierto toda su violencia e intolerancia.

Los poco más de ocho millones de compatriotas que votaron por Macri en las PASO no han tolerado el resultado. Están desesperados y muy, pero muy enojados. Los domina una ira altamente perniciosa que les impide analizar las razones de la paliza sufrida por Macri. Se niegan a reconocer que la política económica ortodoxa, apadrinada por el FMI, al provocar los resultados de siempre, determinó en buena medida el vuelco masivo del electorado por la candidatura de Alberto Fernández. No pueden creer que 12 millones de argentinos hayan votado por un candidato que lleva como candidata a la vicepresidencia a Cristina Kirchner. Y aquí arribamos al meollo del asunto. No soportan que la ex presidente retorne al poder dentro de muy poco. Tal es su odio que son capaces de soportar cualquier cosa si efectivamente impide la vuelta de CFK a la Rosada.

Así transcurre hoy la vida de los argentinos. La inmensa mayoría sumergida en la pesadumbre y otros, los menos, despotricando contra esa mayoría que jamás aprenderá a votar. Mientras tanto, la decadencia de la Argentina se profundiza ante la impotencia de un pueblo incapaz de aprender de sus errores.

 

Por El Pingüino

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *