1 diciembre, 2021

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La dramática y fascinante historia argentina

Lo que nos pasó a partir del 25 de mayo de 1810

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La decisión draconiana de la Junta

 

Córdoba y Montevideo lejos estaban de ser los únicos focos de rebelión. Las autoridades de las provincias del Alto Perú habían tomado la decisión de no reconocer la autoridad de la Junta. Con el propósito de deslegitimar a la Junta el virrey Abascal decidió anexar de manera provisoria al Virreinato del Perú a las provincias que formaban parte del Virreinato del Río de la Plata. Por su parte, Paraguay optó por no romper relaciones con la Junta y Chile consideró los hechos de Mayo cosa juzgada. Afortunadamente, la Junta contó rápidamente con el apoyo de las ciudades o villas de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Tucumán, Catamarca, Salta, Mendoza, Santiago del Estero y Jujuy. En agosto afirmó su apoyo Tarija, justo el mes donde la Junta tomó su decisión más radical. Liniers decidió dirigirse al norte para unirse con las tropas del alto Perú. Pero muy pronto se quedó sin tropas, a tal punto que al arribar a destino carecía de una fuerza militar organizada. Lo mismo pasó con Gutiérrez de la Concha, el obispo Orellana y los demás cabecillas rebeldes. El 5 de agosto Liniers, cercado por González Balcarce, resolvió disolver el grupo que lo seguía para evitar ser capturado. En la noche del 6 al 7 de agosto todos los cabecillas de la insurrección fueron capturados por las tropas de la Junta. Y aquí comenzó el drama. El 28 de julio la Junta había tomado la decisión de condenar a muerte a quienes cometieran delitos notorios-delitos que amenazaran la autoridad de la Junta-considerando que la única manera de garantizar la estabilidad del nuevo sistema era cortando de cuajo cualquier intento de restauración del antiguo sistema.

 

El hecho de que Liniers gozara de mucho prestigio y los peligrosos focos de incendio que habían comenzado a expandirse por el territorio del virreinato explican semejante decisión. La supervivencia de la revolución estaba en juego y, por ende, la de las cabezas de sus líderes. Si la Junta pretendía continuar en el poder debía pagar el alto costo político de aplastar sin miramientos la rebelión realista. Pese a los pedidos de clemencia que partieron de las filas de los rebeldes la Junta actuó sin contemplaciones. Ésta encargó al más jacobino de sus miembros, Juan José Castelli, el cumplimiento de la sentencia. El 25 de agosto Liniers y los demás cabecillas fueron fusilados en el paraje de Cabeza de Tigre, próximo a Cruz Alta. Sólo se salvó, quizá por ser un sacerdote, Orellana. A partir de ese dramático momento la Junta tomó conciencia de que no había marcha atrás, que sólo le quedaba por delante afianzar el proceso revolucionario. Saavedra, Moreno y compañía actuaron con mente fría. Algunos considerarán repudiable desde el punto de vista ética semejante decisión. Lo es, obviamente, pero hay que situarse en el lugar de los revolucionarios. ¿Qué otra decisión podían tomar? Si no ejecutaban a los cabecillas, entre los que se contaban nada más y nada menos que un ex virrey y un gobernador intendente, hubieran brindado una imagen de debilidad política inaceptable. Los revolucionarios no podían darse semejante lujo. Porque ante el menor atisbo de debilidad la reacción realista se hubiera llevado puesta a la Junta. A partir de entonces para la Junta su lema fue “revolución o muerte”. Fue entonces cuando apareció la Gazeta de Buenos Aires, dirigida por Mariano Moreno, el órgano de prensa y propaganda de la Junta cuyo objetivo era legitimar todas y cada una de sus decisiones (1).

 

(1) Floria y García Belsunce, Historia de…capítulo 15

 

 

Bibliografía básica

 

-Germán Bidart Campos, Historia política y constitucional argentina, Ed. Ediar, Bs. As. Tomos I, II y III, 1977.

-Natalio Botana, El orden conservador, Ed. Sudamericana, Bs. As., 1977.

-Natalio Botana y Ezequiel Gallo, De la República posible a la República verdadera” (1880/1910), Biblioteca del Pensamiento Argentino, Tomo III, Ariel, Bs.As., 1997.

-José Carlos Chiaramonte, Ciudades, provincias, Estados: Orígenes de la Nación Argentina (1800/1846), Biblioteca del Pensamiento Argentino, Tomo I, Ariel, Bs. As., 1997.

-Carlos Floria y César García Belsunce, Historia de los argentinos, Ed. Larousse, Buenos Aires, 2004.

-Tulio Halperín Dongui, Vida y muerte de la República verdadera (1910-1930), Biblioteca del Pensamiento Argentino, Tomo IV, Ariel, Bs. As., 1999.

-Tulio Halperín Donghi, Proyecto y construcción de una nación (1846/1880), Biblioteca del Pensamiento Argentino, Tomo II, Ariel, Bs. As., 1995.

-Daniel James (director del tomo 9), Nueva historia argentina, Violencia, proscripción y autoritarismo (1955-1976), Ed. Sudamericana, Bs. As., 2003

-John Lynch y otros autores, Historia de la Argentina, Ed. Crítica, Barcelona, 2001.

-Marcos Novaro, historia de la Argentina contemporánea, edhasa, Buenos aires, 2006

-David Rock, Argentina 1516-1987, Universidad de California, Berkeley, Los Angeles, 1987.

-José Luis Romero, Las ideas políticas en Argentina, FCE., Bs. As., 1956.

-Juan José Sebreli, Crítica de las ideas políticas argentina, Ed. Sudamericana, Bs. As., 2003.