Cámara de Diputados: una jornada aciaga (Por el pingüino)

Tal como se preveía el oficialismo logró darle media sanción al Presupuesto 2019. La votación arrojó los siguientes resultados: 138 votos afirmativos, 103 negativos, 8 abstenciones y 7 ausencias. Ahora el Presidente está en condiciones de ofrendarle al FMI, que en pocas horas aprobará una nueva “ayuda” a su gobierno, su gran trofeo de guerra.

 

Como si se tratara de un Boca versus River, los ganadores festejaron a lo loco y los perdedores se sumieron en una profunda depresión. Atrás quedó una maratónica sesión que tuvo de todo, incluida una casi pelea a golpes de puño entre Nicolás Massot, jefe de la bancada de Cambiemos y el diputado kirchnerista Daniel Filmus. Fue el broche de oro de una sesión agitada en la que algunos diputados opositores intentaron convencer a Emilio Monzó, titular de la Cámara, que suspendiera la sesión a raíz de los incidentes que se estaban produciendo en las adyacencias del Congreso. El esfuerzo fue en vano. Monzó se mantuvo imperturbable, al igual que los diputados oficialistas.

 

Tal como había sucedido en diciembre pasado, cuando se trató en Diputados la reforma previsional, se produjo una batalla entre las fuerzas de seguridad y grupos de manifestantes, algunos de ellos encapuchados. Se utilizaron bombas molotov y las piedras volaron por todas partes. Desde la oposición se acusó a las fuerzas de seguridad de ejercer una represión brutal al mejor estilo de los fatídicos años setenta, y a los propios encapuchados de pertenecer a los servicios de inteligencia. Desde la otra vereda se acusó a la oposición, particularmente al kirchnerismo, de haber montado un “show”  para impedir la victoria oficialista. Por su parte, los grandes medios adictos a Cambiemos dedicaron gran parte del tiempo a presentar en la pantalla de televisión las escenas de violencia, con el evidente propósito de desviar la atención de la audiencia.

 

Lo cierto es que entre la tarde de ayer y la madrugada de hoy se vivió una jornada aciaga. Pero no por los desmanes, que fueron serios, nadie lo pone en duda, ni por los incidentes en el interior del recinto, sino por la aprobación de un Presupuesto hecho a la medida de los intereses del Fondo Monetario Internacional. Su objetivo se reduce al pago de los intereses de deuda mientras se sacrifican la educación pública, la salud pública y la investigación científica. Con este presupuesto ya aprobado-se descuenta el “okey” de la Cámara Alta-el gobierno tendrá vía libre para ajustar al máximo los bolsillos anémicos de la inmensa mayoría de los argentinos. De manera pues que deberemos prepararnos para un 2019 durísimo, un año electoral con más recesión, más ajuste, más inflación y más devaluación. Lo notable es que el Gobierno asume semejante riesgo justo en un año crucial para su futuro político. Pese a la histórica inclinación del pueblo a emitir su voto en función de su humor económico, el Presidente tomó la audaz decisión de imponer un plan de ajuste extremadamente severo en los meses previos a la elección presidencial.

 

¿Por qué Macri se atrevió a tomar semejante riesgo? Es probable que tenga en su poder encuestas que no se dan a conocer a la opinión pública que le señalan que, a pesar de todo, aún conserva buenas chances de obtener la reelección, que pese a la malaria económica un importante sector del pueblo sigue dispuesto a bancarlo con tal de impedir el regreso a la presidencia de Cristina Kirchner. Pero además, cabe reconocer que otra no le quedaba al primer mandatario. Cuando acudió presuroso al FMI era perfectamente consciente de que el precio a pagar por su “ayuda” era muy alto. Para colmo, el gobierno le hizo poco caso al primer acuerdo, lo que se tradujo en un endurecimiento de Lagarde y sus “muchachos”. Ello explica el tiempo que se tomó para bendecir el segundo acuerdo. Aguardó la aprobación del Presupuesto en la Cámara Baja como prueba irrefutable de la capacidad de Macri de asegurar la “gobernabilidad”, de conseguir los apoyos parlamentarios necesarios para garantizar la aprobación del Presupuesto 2019.

 

En estos momentos el gobierno debe sentirse eufórico. Sin mayoría propia logró la aprobación de uno de los presupuestos más impopulares del 2000 a la fecha. Carece de relevancia el indagar sobre los métodos que empleó para “convencer” a varios gobernadores del PJ para que “instruyan” a sus diputados sobre la manera “correcta” de votar. Como sentenció el gran Nicolás Maquiavelo al príncipe se lo juzgará en el futuro por los resultados obtenidos. En esta oportunidad, Macri consiguió lo que se propuso. Punto. Que este presupuesto sea una desgracia para el pueblo, no importa. Que hoy la Argentina sea una colonia de cuarta categoría de Estados Unidos, tampoco. Lo único relevante es que el Presupuesto 2019 será ley en poco tiempo.

 

 

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